LOS CULPABLES VILLORO PDF

Tampoco es normal. Jorge llevaba una camiseta de tejido burdo, ideal para adherirse como una segunda piel. Vi el tatuaje en su espalda. Luego me vio con sus ojos hundidos por la droga, el sufrimiento, demasiados videos. La granja estaba en venta. La mayor extravagancia de aquel gringo era confiar en mi hermano.

Author:Kigagami Kacage
Country:El Salvador
Language:English (Spanish)
Genre:Photos
Published (Last):15 February 2007
Pages:280
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ISBN:993-9-93457-850-1
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Tampoco es normal. Jorge llevaba una camiseta de tejido burdo, ideal para adherirse como una segunda piel. Vi el tatuaje en su espalda. Luego me vio con sus ojos hundidos por la droga, el sufrimiento, demasiados videos. La granja estaba en venta. La mayor extravagancia de aquel gringo era confiar en mi hermano. Regresaba a Sacramento con ojos raros. Jorge se dio el lujo de abandonarla. Temblaban bajo una frazada. Cuando vieron que iba desarmado, gritaron que los salvara por la Virgen y el amor de Dios.

Ellos entendieron que en el asiento trasero. Llegamos a las afueras de Phoenix. Se despidieron con una felicidad alucinada que me produjo el mismo malestar que la posibilidad de matarlos mientras trataba de salvarlos. Durante seis semanas sudamos uno frente al otro. Escogimos un perro con una cicatriz en equis en el lomo.

Se quedaba en una mecedora en el porche, viendo los huizaches del desierto y los gallineros abandonados, con las tijeras abiertas sobre el pecho. El problema, mi problema, es que yo ya era culpable. Un seguro en la nada.

Mi lealtad hacia Jorge fue no pensar demasiado en los pechos bajo la blusa, las manos delgadas, sin anillos, los ojos que aguardaban un remedio. Cuando decidimos vender la granja, los seis hermanos nos reunimos por primera vez en mucho tiempo. Le dije que mi coche estaba fallando. Al cabo de seis semanas, marcas azules circundaban los ojos de mi hermano. Necesitamos una culpa superable. Medicinas de contrabando. Mi refugio era imaginar las cosas. Pasamos el resto de la noche viendo estrellas fugaces, como cuerpos perdidos en el desierto.

En Los culpables.

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