LOS CRIMENES DE LA RUE MORGUE PDF

En ciertos casos no aceptamos ideas que no provengan de los preceptos que tenemos como ciertos y terminamos determinando que eso que creemos imposible y exagerado, es lo que nunca pasara, lo que nunca ser real. Pero en la prctica y en la investigacin nos damos cuenta que no todo es tan real como lo concebimos y que lo inimaginable es la concepcin ms cercana a la realidad, como se puede evidenciar en la obra de Edgar Allan Poe, los crmenes de la Rue Morgue. En resumen, la historia es sobre Auguste Dupin y el propio narrador de la historia, al conocer los hechos sucedidos en la calle Rue Morgue por medio de un anuncio de un peridico que al final terminara siendo falso, conllevan una profunda investigacin a travs del misterioso caso que dejo el asesinato de madame LEspanaye y su hija mademoiselle Camille LEspanaye. A travs de una extrema investigacin se dan cuenta que el asesinato no fue un homicidio causado por un manitico ni ningn hombre, esta los conlleva a desarmar toda hiptesis armada por los medios de comunicacin y hasta la misma fuerza policial.

Author:Vugor Brall
Country:Denmark
Language:English (Spanish)
Genre:Finance
Published (Last):24 May 2005
Pages:344
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ISBN:841-5-67435-161-7
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Para hablar menos abstractamente, supongamos una partida de damas en la que las piezas se reducen a cuatro y donde, como es natural, no cabe esperar el menor descuido.

Silencioso, procede a acumular cantidad de observaciones y deducciones. Considera el modo con que cada uno ordena las cartas en su mano; a menudo cuenta las cartas ganadoras y las adicionales por la manera con que sus tenedores las contemplan.

Reconoce la jugada fingida por la manera con que se arrojan las cartas sobre el tapete. Auguste Dupin. Volvimos a encontrarnos una y otra vez. Nuestro aislamiento era perfecto. Tal era, exactamente, el tema de mis reflexiones. Me refiero al verso: Perdidit antiquum litera prima sonum. Al llegar al segundo piso, las voces callaron a su vez, reinando una profunda calma. Los vecinos se separaron y empezaron a recorrer las habitaciones una por una.

Estaba abierta y con la llave en la cerradura. Pagaban muy bien. Pasaba por tener dinero guardado. La casa era de propiedad de madame L. Ambas llevaban una vida muy retirada y pasaban por tener dinero.

No se ha hablado de nadie que frecuentara la casa. Se ignora si madame L. La casa se hallaba en excelente estado y no era muy antigua. Estaba seguro de que no se trataba de una voz de mujer.

No puede asegurar que se tratara de una voz masculina. Pudo ser la de una mujer. Es originario de Amsterdam. Pasaba frente a la casa cuando se oyeron los gritos. Duraron varios minutos, probablemente diez. El testigo fue uno de los que entraron en el edificio. No pudo distinguir las palabras pronunciadas. Es el mayor de los Mignaud. Una vez abierta la puerta, mademoiselle L. No vio a persona alguna en la calle en ese momento.

Se trata de una calle poco importante, muy solitaria. Es de nacionalidad inglesa. Fue uno de los primeros en subir las escaleras. Pudo distinguir varias palabras, pero ya no las recuerda todas. Reinaba un profundo silencio; no se escuchaban quejidos ni rumores de ninguna especie. No se vio a nadie en el momento de forzar la puerta. Se enviaron deshollinadores para que exploraran las chimeneas. La casa tiene cuatro pisos, con mansardes. Algunos sostienen que transcurrieron tres minutos; otros calculan cinco.

Pudo distinguir varias palabras. Piensa que se trata de un ruso. Corrobora los testimonios restantes. Es de nacionalidad italiana. El hecho de que hubiese sido metido en la chimenea bastaba para explicar tales marcas. La garganta estaba enormemente excoriada. Todos los huesos de la pierna y el brazo derechos se hallaban fracturados en mayor o menor grado. Imposible que una mujer pudiera infligir tales heridas con cualquier arma que fuese.

Vidocq, por ejemplo, era hombre de excelentes conjeturas y perseverante. Por causa de una indebida profundidad confundimos y debilitamos el pensamiento, y Venus misma puede llegar a borrarse del firmamento si la escrutamos de manera demasiado sostenida, demasiado concentrada o directa.

Iremos a estudiar el terreno con nuestros propios ojos. Volviendo sobre nuestros pasos retornamos a la parte delantera y, luego de llamar y mostrar nuestras credenciales, fuimos admitidos por los agentes de guardia. No vi nada que no estuviese detallado en la Gazette des Tribunaux. En el camino de vuelta, mi amigo se detuvo algunos minutos en las oficinas de uno de los diarios parisienses.

Por lo menos, nada que no hayamos encontrado ya referido en el diario. Pero dejemos de lado las vanas opiniones de ese diario. Como bien ha dicho, los testigos coinciden sobre la voz ruda. Supongo que bien puedo decir que ninguno de los dos cree en acontecimientos sobrenaturales. Los autores del hecho eran de carne y hueso, y escaparon por medios materiales. Examinemos uno por uno los posibles medios de escape.

Vale decir que debemos buscar las salidas en esos dos aposentos. Ninguna salida secreta pudo escapar a sus observaciones. Las dos puertas que comunican las habitaciones con el corredor estaban bien cerradas, con las llaves por dentro. Veamos ahora las chimeneas. Los asesinos tienen que haber pasado, pues, por las de la pieza trasera. Los asesinos escaparon desde una de esas ventanas. Los marcos estaban asegurados. Mi paseo con usted por la parte trasera de la casa me satisfizo al respecto.

Desde esa varilla hubiera resultado imposible alcanzar la ventana, y mucho menos introducirse por ella. En este caso las persianas alcanzan un ancho de tres pies y medio. Sin duda, seguros de que por esa parte era imposible toda fuga, se limitaron a un examen muy sumario. El oro fue abandonado.

Y mucho menos esconden al asesinado en esa forma. Piense, asimismo, en la fuerza prodigiosa que hizo falta para introducir el cuerpo hacia arriba, cuando para hacerlo descender fue necesario el concurso de varias personas. En el hogar de la chimenea se hallaron espesos muy espesos mechones de cabello humano canoso.

Bien sabe usted la fuerza que se requiere para arrancar en esa forma veinte o treinta cabellos. Lo invito a considerar la brutal ferocidad de estas acciones. Pero antes de que resolvamos este punto, le ruego que mire el bosquejo que he trazado en este papel. Le ruego ahora que trate de colocar todos sus dedos a la vez en las respectivas impresiones, tal como aparecen en el dibujo.

De todas maneras, no alcanzo a comprender los detalles de este aterrador misterio. Las llamaremos conjeturas, pues, y nos referiremos a ellas como tales. Pero si estoy en lo cierto, hay mucho de ganado.

Lo han encontrado en el Bois de Boulogne, a mucha distancia de la escena del crimen. Carecemos de lugar adecuado. Estoy dispuesto a pagar una recompensa por el hallazgo del animal. Una suma razonable, se entiende. Sacando luego una pistola, la puso sin la menor prisa sobre la mesa. No dijo una palabra. Estoy perfectamente enterado de que es usted inocente de las atrocidades de la rue Morgue. El caso se plantea de la siguiente manera: usted no ha cometido nada que no debiera haber cometido, nada que lo haga culpable.

Ni siquiera se le puede acusar de robo, cosa que pudo llevar a cabo impunemente. Una vez curado, el marinero estaba dispuesto a venderlo. Entonces echaba a correr otra vez. Las calles estaban profundamente tranquilas, pues eran casi las tres de la madrugada. El golpear de la persiana pudo ser atribuido por ellas al viento.

Las furiosas miradas de la bestia cayeron entonces sobre la cabecera del lecho, sobre el cual el rostro de su amo, paralizado por el horror, alcanzaba apenas a divisarse. Poco me queda por agregar. Me doy por satisfecho con haberlo derrotado en su propio terreno.

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