EL MARQUES DE SADE LAS 120 JORNADAS DE SODOMA PDF

You may be saying "What a deal! But what is it all about? This is the story of a boy who works for a successful greeting card company. She is deeply wounded! And deep!

Author:Kigajar Garisar
Country:Kazakhstan
Language:English (Spanish)
Genre:Relationship
Published (Last):4 April 2007
Pages:380
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ISBN:681-5-55852-600-4
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El duque de Blangis y su hermano el obispo de Y como no se escatimaban gastos para la despensa, rara era la vez que no estuviese repleta.

No se trataba de que ellos deseasen ciertamente coger todas aquellas rosas. No importa. Pero prosigamos.

Ni siquiera necesito forzar mis inclinaciones para complacerlas. Nada alienta tanto como un primer crimen impune. Era la madre de Aline, una de las protagonistas de nuestra novela, de la cual se ha hablado antes. No era un hombre, sino un tigre furioso. Siete u ocho veces seguidas no lo asustaban, a pesar de haber cumplido el medio siglo.

Sus excesos en la mesa superaban, si ello es posible, los de la cama. Esta es una verdad que el lector debe asimilar antes de emprender la lectura de una obra que tiene que desarrollar este sistema. Pero sus compinches no eran gente susceptible de escandalizarse por tan poca cosa y no le hablaban de ello. Curval se encontraba tan hundido en el lodazal del vicio y del libertinaje, que le hubiera resultado imposible hablar de otra cosa.

El medio fue tan bien concebido como ejecutado. Dos o tres bribones pagados por el presidente se cuidaron del asunto, y antes que terminara el mes el desgraciado mozo de cuerda se vio envuelto en un crimen imaginario supuesta mente cometido ante la puerta de su casa y que lo condujo pronto a los calabozos de la Conciergerie.

Ya no era posible dudar. A la hora indicada, hizo que la madre y la hija se encontrasen en palacio. Una vez hubo terminado, dijo a sus dos doncellas, abriendo una ventana que daba a la plaza: -Venid a ver Y las dos desgraciadas vieron, una de ellas a su padre y la otra a su marido, expirando bajo el hierro del verdugo.

El motivo fue a medias conocido, y el resultado de todo ello fue su retiro. Uno de los grandes placeres de Durcet consiste en hacerse cosquillear el ano por el enorme miembro del duque.

Tales son, en una palabra, querido lector, los cuatro criminales con los cuales voy a hacerte pasar algunos meses. Sus ojos, extraordinariamente grandes, eran azules y expresaban a la vez ternura y decencia. Dos largas y finas cejas, regularmente trazadas, adornaban una frente poco elevada pero de una nobleza y un atractivo tal que era el templo del pudor mismo. Por fin, Durcet y el presidente la reprendieron y frenaron tan bien, que la corrigieron de este abuso, y la privaron de todos sus medios.

Tales eran, pues, los ocho principales personajes con los cuales te haremos vivir, querido lector. Cojeaba, le faltaban seis dientes y un ojo. Halladas estas mujeres, y halladas en todo tal como se las deseaba, fue preciso ocuparse de los accesorios.

Los grupos, dirigidos por las alcahuetas, iban de uno a otro. En cuanto a las ocho escogidas, fueron alojadas en un convento hasta el instante de la partida, y para reservarse el placer de gozar de ellas en el momento escogido, no fueron tocadas.

Su padre acababa de morir, ella se encontraba en el campo con su madre, y fue raptada, ante los mismos ojos de su familia, por unos individuos disfrazados de ladrones. Hijo de un gentilhombre de los alrededores de esta ciudad cursaba en ella sus estudios. Fue espiado y, raptado durante un paseo que los escolares daban el domingo. Fue raptado simplemente mientras paseaba solo por la avenida de Saint-Cloud.

Tales eran las deidades masculinas que nuestros libertinos preparaban para su lubricidad; en su momento y lugar veremos el uso que de ellas hicieron. Nuestros libertinos pasaron con ellos un mes en el castillo del duque. Por otra parte, la belleza es lo sencillo, la fealdad es lo extraordinario, y todas las imaginaciones ardientes prefieren sin duda lo extraordinario en la lubricidad a lo simple.

Su vientre era ondulado como el oleaje marino y un absceso le devoraba una nalga. Perversa -como el diablo, y siempre dispuesta a cometer todos los horrores y todos los excesos que pudieran ordenarle. El agujero de su culo, a pesar del bulto de hemorroides que lo adornaba, era tan ancho de una manera natural que lanzaba pedos y otras cosas muy a menudo, sin advertirlo.

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Las 120 jornadas de Sodoma

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